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                        VIRGEN DE LAS NIEVES -             CHINCHILLA DE MONTEARAGÓN (ALBACETE)

    La figura de la Virgen de la Nieves es una talla de alabastro del s. XIV, cuyas medidas son: - alto: 25,5 cm. - ancho: 9 cm. - profundidad: 4,5 cm. Es de autor anónimo, aunque se cree que su procedencia puede ser de la Corona de Aragón o de las escuelas de Nottingham en Inglaterra.

   En el s. XVIII la ciudad de Chinchilla de Montearagón estableció por patrona a Nuestra Señora de las Nieves, una vieja imagen gótica, que al menos desde el siglo anterior empezó a tener culto en la antigua ermita de San Pedro de Matilla, en los Llanos de Albacete, todo ello quizá, como una respuesta a las pretensiones municipales de la entonces villa de Albacete y sus deseos de ampliación de término, a costa del de Chinchilla, a la vez, que se fomentaba, desde el s. XVI, la devoción a la Virgen de los Llanos. Ciertamente es en el s. XVII cuando se generalizaron las romerías al paraje de los Llanos, tanto desde Albacete con su Virgen como desde Chinchilla con la de San Pedro y ésta de las Nieves. Debió ser, precisamente, en este periodo del Barroco cuando a aquella pequeña imagen gótica de alabastro se le añadió un "sotobanquillo" de plata para darle mayor esbeltez, y una especie de cápsula semicilíndrica, del mismo metal, en donde quedaba parcialmente embutida la figura, todo lo cual permitía vestir a la escultura con túnicas y mantos y darle un aspecto mas real, ala vez que se le añadían otros elementos tales como la habitual media luna a los pies y las correspondientes coronas de metal precioso; consiguiéndose, de este modo, un mayor acercamiento a la moda barroca y a la sensibilidad popular. En 1.981, siendo párroco de Chinchilla , D. Victoriano Navarro Asín, se procedió a eliminar a esta preciosa imagen de la túnica y de aquella especie de cápsula argéntea que inmovilizaba la escultura, a fin de poder contemplar en su integridad la primitiva escultura gótica. No obstante, la devoción popular y la buena sensibilidad de las gentes de Chinchilla han sabido conjugar perfectamente, la valoración artística, ya que hoy se puede contemplar la obra íntegramente, a la vez que se ha mantenido, el tradicional manto que ofrece el perfil característico de las imágenes barrocas de vestir.

   Centrándonos exclusivamente en la escultura vemos que se trata de una representación de María, Madre de Dios, en pie y con el Niño en su brazo izquierdo. Se trata de una escultura pequeña, con un poco más de veinticinco centímetros de altura , labrada en alabastro y parcialmente policromada y con una evidente frontalidad. Su espalda es prácticamente plana, aunque con ligeros pliegues, tratados como hendiduras. María aparece velada con el propio manto y coronada con pequeña corona gótica, labrada en la propia pieza ( sobre ella se coloca habitualmente la corona metálica con la que se muestra al culto). El manto, prácticamente, envuelve toda la figura de María con uno animados pliegues ondulados, largos y angulosos. En la mano derecha la Virgen porta un fruto, granada o flor de gran tamaño que actúa como cetro. El Niño, vestido con túnica talar , se mueve vivazmente en el brazo izquierdo de su Madre; lamentablemente ambas manos se perdieron en época determinada. El conjunto, bien plantado, ofrece una ligera torsión en "s", que anima la pequeña figura, y da un cierto dinamismo a la escultura; en un recurso común en las imágenes marianas del gótico europeo. La policromía, se resuelve discretamente, así todo el manto se ve salpicado por florecillas de lis doradas; también dorado es el cabello y el cetro, y de un color azul oscuro es el pliegue del manto; hay asimismo, otros toques cromáticos como rojo en el envés de la vestimenta del Niño y oscuros detalles para señalar el iris de los ojos y otos detalles secundarios.  Desde el punto de vista estilístico y de procedencia, se nos plantean serias dudas sobre el origen de esta obra, ya que si bien pensamos en su momento que la imagen podría proceder de talleres de la Corona de Aragón -y en esa zona de Aragón, Cataluña o Valencia, podríamos ver ciertos paralelismos-, últimamente nos inclinamos a pensar, por el tamaño, el material y el propio estilo, un tanto ajeno a lo peninsular, que la escultura podría proceder de los talleres ingleses de Nottingham, localidad que suministró a la Europa continental, en los siglos XIV y XV, numerosas obras escultóricas de alabastro de pequeño tamaño que se podían incorporar a retablos, enterramientos y aún a conjuntos arquitectónicos. Quede aquí la posibilidad como un elemento a tener en cuenta a la hora de estudiar el gótico en estas tierras.

                                             Luis G. García-Saúco Beléndez.