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                      NTRA. SRA. DE LA HOZ -        CORDUENTE- VENTOSA (GUADALAJARA)

  La estatua de Nuestra Señora de la Hoz, es para muchos autores, una pieza de gran antigüedad y valor; y la remontan a la época romana o visigótica.

   En el año 1129, Alfonso I de Aragón, conocido como el "Batallador" conquistó Molina y su Tierra. Entre los años 1139-1150 se formó en estas tierras un Estado Independiente bajo el gobierno de D. Manrique de Lara y su esposa Dña. Ermesenda de Narbona. Fue en el rayar de estos años cuando debió ocurrir el sublime milagro.

   Ocurrió un día de aquellos años de la primavera molinesa, era cuando el horizonte de la historia se confundía con el ocaso de la leyenda; un vaquero de Ventosa, perdió una mañana una vaca de su rebaño, presto salió en su búsqueda introduciéndose en el espesor del bosque, allí, le sorprendió la noche en lo más abrupto del desfiladero, la inquietud imperó, el temor se apoderó del zagal, hasta que de pronto, de tres pequeñas apófisis que sobresalían de una gran roca surgió un gran resplandor, una luz divina que cegó sus humanos ojos e iluminó la ya adulta noche; acercóse el pastor y con gran asombro descubrió que inmóvil la res, se encontraba bajo la imagen de la Virgen, que sobre un pedestal natural quiso salir de su refugio para gozo del vaquero y suerte del entonces significado Señorío de Molina. Al amanecer, fue el de Ventosa a narrar lo sucedido, pero en la aldea ya conocían los hechos ya que otro pastor del pueblo, que había pernoctado cerca del sitio de los acontecimientos, vio cuanto sucedió. Pronto el milagro se explicó por los pueblos comarcanos, naciendo un amor y devoción por este rincón que desde entonces será venerado por los molineses para siempre.

    La talla de la imagen fue llevada a su antiguo templo que según unos era el de San Martín y según otros el de San Miguel, iglesia que desapareció en el año 1924.

   Sigue diciendo la tradición que por mandato del Concejo de Molina y por deseo de los fieles molineses, se dio lugar a la traslación con la mayor solemnidad colocando la estatua en la iglesia de San Martín (también se dice en la iglesia de Santa María de San Gil o en la de San Miguel).

   Trasladada la talla quedó en Molina aquella noche, pero al día siguiente con gran asombro observaron los feligreses que ya no se encontraba allí, ya que milagrosamente se hallaba de nuevo en el rincón de la aparición. Llevada por segunda vez y colocada en la misma iglesia, la imagen fue velada con el mayor sigilo durante aquella noche, pero de nuevo desapareció para tornar al lugar milagroso.

   Estos hechos, llevaron a que los primeros señores de Molina abriesen una vereda y limpiasen la anchura del barranco de malezas y otras hierbas, para poder construir allí una ermita que se llamó entonces de Santa Maria de Molina, para poder en ella meditar y rogar.

   Desde entonces los peregrinos del Señorío así como de Aragón y Castilla vinieron y vienen a venerar y orar a la Madre de Dios.                               

                           Francisco Alonso, Iñaki y Marian Tarazona.