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NTRA. SRA. DE VALSORDO - CEBREROS (ÁVILA)

  1.2.4. LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE VALSORDO
"¡qué linda te me muestras,
ermita de la Virgen de mi pueblo!
Eres una casita castellana
en un vergel de higueras y viñedos,
hundida en aquel tajo del Alberche,
cuyas aguas te arrullan desde lejos..."

Poema "La ermita de mi pueblo", de Hermenegildo Martín Borro

A 2 Kms. de Cebreros, cerca del río Alberche, en una ladera rodeada de peñascos y viñas se encuentran la capilla y la ermita de Nuestra Señora de Valsordo, patrona de Cebreros. Según un documento de primeros de siglo, anteriormente tuvo el nombre de Nuestra Señora de las Victorias y Virgen de los Toros, pero ya en el siglo XIII tenemos los primeros datos de Ntra. Señora de Valsordo, según la relación de sus milagros. Federico Rodríguez de Campomanes ha realizado un estudio toponímico de Valsordo en el que defiende la teoría de que pudiera derivar de la
palabra latina "Sors, sortis", que en castellano ha dado suerte, con la acepción de parcelas o lotes de tierra que se sorteaban para favorecer los asentamientos militares de romanos y godos que tanto abundan por nuestra zona. Al objeto de pagar las tropas mercenarias, los habitantes autóctonos debían ceder a los soldados los dos tercios de sus tierras y utensilios.
El antiguo humilladero y la vieja ermita no se sabe de cuando datan, aunque en 1250 ya tenemos datos de Valsordo en la ya citada Consignación de Rentas del Cardenal Gil Torres . Asimismo, de 1458 tenemos datos de la ermita de Santa María de Valsordo sobre las rentas que rendía al Arciprestazgo de los Pinares, por un total de 2.200 maravedíes. En la citada renta se incluía "El sacristán, contando aventuras e lo que le dan por la sacrystanía" .
En la parte meridional del conjunto se encuentra la Sacristía y Camerino de la Virgen. Este Camerino o "Camarín" está cerrado por un arco de piedra labrada y separado de la actual ermita por una verja de hierro. En el exterior hay un bonito reloj de sol, con la fecha de 1688. En el segundo cuerpo, o Presbiterio, se sitúa un sobrio retablo-camarín con el fin de enmarcar la imagen de la Virgen, que tiene unos rasgos de dulzura, delicadeza y elegancia elogiables. El acceso al Presbiterio se hace por un gran arco de ojiva, flanqueado por una amplia reja de hierro forjado; sobre el arco existe una pequeña campanera. El techo es de estuco y decorado con sencillos relieves enmarcados por líneas doradas. El tercer cuerpo es un gran rectángulo de paredes encaladas y lisas. Éstas soportan un artesonado que la restauración ha mejorado notablemente, siendo la pieza más valiosa del conjunto.
Sobre la entrada principal existe un coro con enlosado de baldosa clásica; su barandilla es de estilo castellano y tiene dos artísticos escaños de ofrenda votiva. Adosada a este último cuerpo, está la casa; es una típica casa de ermitaño, castellana, amplia y acogedora. En el interior de uno de los ventanucos que miran al noreste se puede leer "1647" grabado en la piedra.
Recorre la fachada sur un porche corrido de gruesos y uniformes machones de pino. El tejado se soporta sobre pilastras de granito. De una a otra de estas pilastras hay una barandilla de hierro, realizada al estilo de las puertas de forja del interior de la iglesia. Delante del porche nos encontramos con el llamado Jardín de la Virgen. Es un pequeño jardín con una espléndida cruz de granito, montada sobre un pedestal de varios escalones, en cuya peana figura la fecha de 1672.
En los alrededores podemos encontrar varias peanas o pedestales de las cruces que, junto con la del "bolo", componían las estaciones del Vía Crucis que estaban en el camino de las Veredillas del Valle.
El recinto se encuentra cercado en su mayor parte por tapia de piedra, con abundantes pinos y otros árboles autóctonos (en el otoño de 1998 se plantó el abeto que reemplazó al pino gordo por rotura). En el exterior se han levantado dos altares para celebrar la misa del día de la Romería a la Virgen, pues el recinto interior de la ermita se queda pequeño para este acto. Todo el conjunto se encuentra perfectamente ambientado con varias fuentes de piedra, barbacoas, escalinatas con viejas losas funerarias, bar y servicios que hizo el Patronato y que se distribuyen
por toda la finca.
Pocas veces la Virgen está sola, pues a los cebrereños les gusta ir a rezar a su Patrona, con el recogimiento al que invita la ermita, a pesar de la distancia que la separa del pueblo.
En la ermita había una sala de "exvotos" o "mandas" en la que se podían ver todo tipo de cosas, recuerdos del agradecimiento personal de muchos vecinos por los favores recibidos de la Virgen al interceder en su curación o ayuda, algunas ciertamente milagrosas.
En el archivo diocesano abulense se encuentra el libro nº38 que contiene los cargos y datas de las cuentas de la ermita de Valsordo, desde el año 1698 a 1863. En el mismo libro podemos encontrar los inventarios de los vestidos, alhajas y otros bienes que los cebrereños han ido donando a su patrona a lo largo de los siglos.
El primero de estos inventarios data del 16 de febrero de 1730. En él vienen desglosados todos los vestidos, alhajas, adornos, telas, libros, mobiliario, etc. de la Virgen, del Niño, del altar, de la capilla, del camarín, de la sacristía, del cuerpo de la ermita y de la casa del ermitaño. Es una larga lista de reliquias, de las que algunas ya son historia.
En 1780, 1794 y 1863 se realizaron nuevos inventarios, pues se siguieron produciendo nuevas donaciones a la Virgen.
En el libro también vienen reflejadas las compras de madera y otros materiales necesarios para una de las obras (posiblemente la ampliación desde el Camerino hasta la fachada sur, realizada en 1698); el albañil se llamaba Antonio (Almirante?) y los carpinteros fueron Joseph García, su hijo Joseph y Pedro del Peso.
Otra de las ampliaciones se realizó en 1766, en la que se construyó la
nave alargada que arranca desde el arco de la primitiva ermita. En esta obra se añadirá la casa, que sirvió de refugio de peregrinos, y la habitación del ermitaño (Leandro se llamaba el último), adosada en la parte norte. Este dato se conoce porque, al efectuar la última reparación, hubo necesidad de derribar un muro y apareció un manuscrito en el que ponía: "Se hizo esta obra en 1766".
De la citada obra apenas queda constancia en el "Libro de Cuentas de la ermita de Valsordo", dado que se arrancaron varias hojas del mismo de esas fechas. No obstante viene reflejada la cantidad que se pagó a los maestros de obras: 2.791 reales. Para el blanqueo se compraron sacos de yeso por importe de 524 reales y 525 reales para el maestro de obra de blanqueo; al maestro de obra del portal y capilla se le abonaron 200 reales y a Cayetano Berrón -maestro carpintero- 224 reales por la puerta de la ermita.
Unos años después dinamitaron algunas piedras para plantar viñas y olivas cerca de la ermita.
Entre 1789 y 1794 se realizaron obras en la casa (trastejar, encalar, hacer bancos, etc.), agrandaron la casilla e hicieron el pedestal del retablo.
Por los 2 portillos de la casa se pagaron 1.100 reales de vellón a Tomás Alonso, el Gallego, al que dieron "60 reales de vellón por no ganar cosa alguna". Santiago Alonso trajo las tejas, los ladrillos y las ripias.
Para la corta de la madera que sirvió de tabla para el retablo y "alfarjía para la echura del retablo con dos vigas tercias" se pagaron 320 reales de vellón. Al dorador del retablo le pagaron 374 reales de vellón. El Maestro ensamblador fue Francisco Melgar y el Maestro Carpintero Gerónimo Gómez de Villalba.
En 1806 se realizó una nueva obra en la ermita, por importe de 3.183 reales de vellón "por hallarse casi arruinada".
Al año siguiente se hizo otra obra en la ermita y el camerino por el Maestro Francisco Úbeda de Ávila.
En 1817, se realizó otra nueva obra, por importe de 5.860 reales, llevada a cabo por el Maestro de Obras Tiburcio Molina, asistido por su hijo Ramón.
En 1854 se pintó el camarín y al año siguiente se cayó la torrecilla de la espadaña, reparándose por 573 maravedises; la siguiente obra en la ermita se llevó a cabo en 1857.
Entre 1985 y 1986 se restauró la ermita a cargo del Patronato y vecinos del pueblo, dirigidos por el párroco D.Felipe Doyagüez. Fue casi total la restauración del edificio, conservándose los más nimios detalles, pues cada espacio derruido se fotografió previamente, se desmontó y reconstruyó toda la cubierta, quedando un precioso artesonado interior, ensamblado, de estilo mudéjar. Se siguió con toda fidelidad el sistema de ensamblaje, así como el decorado de cuartones, vigas, tablas
biseladas, maderas de fondo, etc. También se amplió el ventanal, con lo que aumentó la visibilidad del recinto, aunque mermó algo el aspecto de recogimiento interior que tenía anteriormente.
Entre los años 2000 y 2001 se pusieron bancos y mesas de piedra, se terminó la instalación eléctrica y se puso megafonía en el exterior, además de la compra de un cáliz, copón, vinajeras, casulla y alba nuevos.
El ilustre y concienzudo historiador abulense D. Cándido Mª Ajo González ha editado una serie de tomos sobre documentos, legajos, códices, pergaminos, etc. de Ávila y sus pueblos, inventariados de diversos Archivos nacionales e internacionales. En el tomo I recoge lo inventariado en el archivo de la diócesis relativo a fundaciones de capellanías, donde hay unas referencias, a partir de 1620, al Licenciado P.Gómez de Villalba y Diego Alonso, fundadores de una Capellanía en la ermita de Valsordo.

2.2.1.- NUESTRA PATRONA LA VIRGEN DE VALSORDO
Cebreros siempre ha tenido una fuerte tradición religiosa y ha conservado un gran espíritu de fervor y devoción hacia Nuestra Señora la Virgen de Valsordo y nuestro patrón el Apóstol Santiago.
Según un documento referido a los hechos milagrosos de Nuestra Patrona, esta devoción se produce desde los primeros siglos de dominación árabe, años en los que se recogen sus primeras apariciones y actuaciones milagrosas a favor de los habitantes de entonces, frente a las invasiones musulmanas, siendo conocida antiguamente como Nuestra Señora de las Victorias, de las Batallas y de los Toros. Eran años en los que la vieja nobleza guerrera de los señores e hidalgos cristianos
reconquistaban tierras al moro y, una vez pacificadas y repobladas, lo primero que el pueblo hacía era levantar iglesias, ermitas y monasterios dedicados a ensalzar la intersección de la más Humilde Señora, no exenta de Majestuosidad, protectora de los niños, pastores y campesinos.
De todos es sabido que el cariño que profesamos los cebrereños a nuestra Virgen procede de la sencillez y humildad -símbolo del carácter de nuestras gentes- con la que nuestra Virgen de Valsordo ha protegido a sus vecinos.
La expresión de religiosidad del culto a Nuestra Señora, reviste variadas formas rituales del carácter popular cebrereño. Las prácticas devocionales como las misas, el rezo del rosario, novenas, procesiones, peregrinaciones y "vía crucis" constituyen los elementos centrales de la vida religiosa cebrereña.
Conviene mencionar una tradición mantenida desde antaño, la de visitar a diario a la Virgen en la ermita; estas visitas las hacen los vecinos, turnándose por calles, para velar a la patrona rezando el rosario.
En varias ocasiones los cebrereños han tenido que recurrir a su patrona para rezarle unas rogativas al objeto de que intercediera en momentos de sequía, como ocurrió en 1834, con una actuación milagrosa .
Otras de las viejas costumbres religiosas eran la de tapar el altar mayor durante la Semana Santa, decir las misas en latín y tocar las campanas al vuelo la noche de Sábado de Gloria.
En Navidad había otras dos costumbres, pero más profanas. Una consistía en interpretar, algunos vecinos del pueblo, una obra de teatro con canciones y obras populares en el Cabildo y posteriormente en el Cine Capitol; el "dramaturgo municipal" era D.Tiburcio Navas. La otra, menos "cultural" pero de gran "festejo", consistía en llevar bombillas fundidas para romperlas en la iglesia durante la misa de Gallo.
Una de las manifestaciones más extendidas de nuestras tradiciones culturales es la Romería a la Ermita de Valsordo, cuya sacralidad deriva de hechos tales como apariciones, milagros o curaciones y en torno a los cuales se produce este ritual, junto a las procesiones y rogativas. En el caso de las peticiones, éstas se materializan mediante ofrendas. Las acciones de gracias por los favores recibidos se materializan a través de las llamados "mandas o exvotos".
La otra gran expresión popular, por la que los cebrereños manifiestan su fervor hacia la Patrona, es la de las fiestas del 15 de agosto, festividad de la Virgen. Ciertamente esta fiesta se ve desbordada por las otras atracciones populares, principalmente los toros, pero los cebrereños siempre encuentran un hueco para rezar, encomendarse o agradecer los favores recibidos de su Patrona.
Con el párroco suelen colaborar un grupo de voluntarios -unos 700-: la Cofradía de Nuestra Señora de Valsordo, formada en 1939 por el entonces alcalde D.Serapio Blanco Villalba (en 1936 el gobierno republicano obligó a disolver todas las cofradías y a los presidentes se les obligó a entregar todos los objetos religiosos que custodiaban), quien estuvo 43 años de "alcalde de la Virgen".
Dirigidos por dos Mayordomos Mayores, estos cofrades, además de homenajear a Ntra.Sra.de Valsordo, tienen como misión asistir -de forma totalmente desinteresada- al mantenimiento de la ermita, a la subida y bajada de la Virgen, al mantenimiento de su vestuario, al lanzamiento de cohetes, a las ofrendas florales, a la preparación y organización de los actos religiosos que acompañan las fiestas de la Virgen en el mes de agosto y al apoyo a tareas religiosas y parroquiales.
A parte de la cofradía está el Patronato de Ntra.Sra.de Valsordo, compuesto por una decena de cebrereños que se encargan de la conservación y mejora de todo lo relacionado con la ermita, además de colaborar con el párroco en la organización de diversos actos, principalmente de índole económica, como es la subasta de los banzos (el record está en 200.000 ptas un banzo). Dirigidos por el párroco D.Felipe
Doyagüez, este grupo de personas llevó a cabo una meritoria remodelación y restauración de la ermita de nuestra patrona, promoviendo y coordinando todas las obras realizadas con unos resultados altamente satisfactorios. También teníamos en Cebreros varias Hermandades religiosas (Acción Católica, Adoración Nocturna e Hijas de María) y Cofradías dedicadas a Las Ánimas, San Antonio, San Roque (de esta cofradía hay datos del año 1612; tomo I, pág.421 de Cándido Ajo), San José y la Purísima, en cuyas fiestas realizan la novena, la procesión del Santo y celebran una comida de hermandad; la mayor parte de las cofradías aún siguen en vigor. Desde hace unos años se encuentra una pequeña comunidad de religiosas (3
hermanas) de las Siervas de Cristo Sacerdote que atienden a ancianos.
Como en tantos lugares, a comienzos de la guerra civil en Cebreros se profanaron los edificios religiosos, se robaron ornamentos y se destruyeron muchas de sus imágenes sagradas. Entre estas imágenes estaba la de nuestra Virgen de Valsordo, una talla bizantina de la que se dice que sólo quedó la cabeza de la Virgen y que se encuentra oculta en algún hogar cebrereño. El mismo día 18 de julio, para evitar que fuera profanado, Luisa Carrillo escondió el Santísimo en casa de doña Delfina
Rodríguez, casada con Santos Díaz, el farmacéutico; se encargó también de su custodia hasta el 10 de octubre del mismo año, fecha en la que fue devuelto al Sagrario.
Al término de la guerra, Dª Concha, hija de D.Saturnino el médico, donó la imagen de la Virgen conocida como "La Virgen Chica de Valsordo".
La actual imagen de nuestra patrona se encargó en febrero de 1939 a unos talleres de Santiago de Compostela. El alcalde nombró una junta para que se encargaran de ello: el párroco D.Áureo, la maestra Dª Carmen Alonso, Dª Decorosa de Rovina y Dª Bernardina Juárez y a tal efecto enviaron a las hijas del médico cebrereño D.Eduardo Gª Somoza, que vivían en Santiago, unas fotos de la virgen antigua -ésta tenía al Niño Jesús en sus brazos- para que en el taller de un imaginero se hiciera una lo más parecida a la anterior.
A Cebreros, llegó en junio de ese mismo año, nada más terminar la guerra y se la vistió con ropa de la anterior. Posteriormente se hizo una suscripción popular y todo el mundo colaboró para hacerla el manto nuevo dado que también robaron los diez valiosos mantos de la Virgen (uno de ellos bordado en oro y con piedras preciosas).
La tela de seda se envió desde la misión en la que se encontraba el padre Eugenio, fraile dominico de Cebreros, y el bordado del manto se dice que lo hicieron las monjas Adoratrices de Madrid.
Una vez confeccionado el "Manto del pueblo", se presentó a Nuestra Madre de Valsordo en la Asamblea Diocesana Mariana, celebrada el 25 de septiembre de 1950 en Ávila, donde obtuvo el primer premio. En la actualidad tiene unos siete trajes y se le cambia unas tres veces al año (en la Romería, en la subida de Agosto y para bajarla después de las fiestas).
Las encargadas de vestir a la Virgen son las llamadas Camareras, cerca de doce cebrereñas que tardan más de 5 horas en realizar esta labor.
Antiguamente, la realizaban las jóvenes casaderas "para ver si novio sale y no se quedan solteras". De las colchas de su ajuar de boda, hacían mantos para donárselos a la Virgen. Como recompensa, todas las camareras tienen el privilegio de poder dar el beso en el rostro de Nuestra Madre y despedirse con la frase "Virgencita de Valsordo, ya me voy a mi casa a decir a mis vecinas que eres la Madre de Gracia".
Artículos pertenecientes al libro "Cebreros, algo más que buen vino", publicado en el año 2000 por la Institución cultural "Gran Duque de Alba", de Ávila

                       

                       Texto enviado por José Manuel Espinosa Pérez.

         Fotografias enviados por Ángel Luis Estecha, Iñaki y Ana.