La localidad de Uña, en la Serranía de Cuenca, junto a la
laguna de su mismo nombre y no muy lejos de la célebre Ciudad Encantada, tiene
por Patrón a San Roque y el titular de la Parroquia es San Miguel Arcángel;
aunque en el templo parroquial se veneran diversas imágenes de la Santísima
Virgen, ninguna de ellas aglutinaba la devoción mariana de sus habitantes. Por
ello, hacia 1993, el entonces Párroco, don Mariano Hernández, secundando los
piadosos deseos de algunos feligreses, habilitó como ermita una cueva situada en
las estribaciones rocosas que rodean Uña, y allí fue colocada una imagen de la
Santísima Virgen que se adquirió al efecto, y que debido a la abundancia de
espinos que crecen en los alrededores recibió el nombre de Nuestra Señora del
Espinar. A pesar de la belleza del paraje, desde el que se admira una hermosa
vista del pueblo y su laguna, lo escarpado del camino hacía difícil el acceso de
los devotos, sobre todo durante el invierno, por lo que pocos años después se
optó por trasladar la imagen a otra gruta más cercana al pueblo, en el camino
que conduce a la piscifactoría, y que para ello fue convenientemente adaptada
por algunos vecinos. Allí recibe la frecuente visita de las gentes de la
localidad, que como expresión de su devoción le llevan flores y velas; también
en un día normalmente de finales de Mayo se celebra allí la Santa Misa en su
honor.