Tan limpia te quiso
Dios
cuando fuiste concebida
que no tubo en ti
cabida
la mancha del pecador.
Era un prodigio de amor
tu destino y tu
persona:
Viniste ya con corona
de hermosura y
esplendor.
Nada tiene de extrañeza
tal distinción y
talante;
Contigo, y en adelante
ya tiene el mundo
pureza.
Ya se ha pasado la
noche
del mal y la rebeldía:
Ya tiene los nombres
Guía
y sus amores el broche.
Y aunque el pecado
persiste,
tiene adeptos y
degrada;
Dios tiene su Madre
amada,
donde el pecado no
existe.
Por Ella nos manda el
Padre
a su Hijo y a su amor,
y al hombre, aunque
pecador,
Él se la asigna por
Madre.
Así, de la Concepción
de María Inmaculada,
la Tierra se ilumina
y el hombre cobra
ilusión.