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La
tradición oral precisa que un 23 de junio de
las primeras décadas del siglo XIX regresaban
a Beneixama, desde Madrid, varios miembros de la familia
Vera, vecinos de esta población. Cuando atravesaban
La Mancha el carruaje se vio sorprendido por una tormenta
de lluvia y pedrisco, desbocándose los caballos.
En esta situación tan angustiosa se aclamaron
a la Virgen María, cesando la tormenta, mientras
veian aparecer lo que los científicos conocen
como aurora boreal, por cuya razón hicieron voto
de venerarla con el titulo de Virgen de la Aurora.
La
imagen fue entronizada en un oratorio familiar hasta
el año 1841, en el que con motivo de inaugurarse
el nuevo templo parroquial, el entonces párroco
de la población, don Miguel Payá Rico,
hijo de la población y futuro cardenal primado
de España, destinó el edificio de la antigua
iglesia parroquial como Santuario de Nuestra Señora
de la Aurora.
El
8 de septiembre de 1841 se le hizo la primera fiesta
patronal, ya continuación de la procesión
quedó en el altar mayor de dicha iglesia. Años
más tarde se cambiaría el título
de Aurora, por el actual de la Divina Aurora.
La
imagen original despareció en 1936, y por eso
en 1940 se construyó la nueva, obra del escultor
José Mª. Ponsoda. Tradicional es el canto
de la Aurora por las calles de la población el
23 de junio, en recuerdo del milagroso inicio de su
devoción.
El
grabado del siglo X1X, es obra de Salvador Cabedo; presenta
la imagen de la Virgen sentada sobre trono de nubes
y ángeles. En su mano derecha sostiene un estandarte
con el anagrama de María, y en la izquierda sostiene
un cetro.
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